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El declive del carbón y el avance de las renovables sacuden el mapa eléctrico

Las energías limpias alcanzaron el 40% de la demanda en el 2018, pero se requerirá instalar 5.000 MW verdes cada año para llegar al 70%, objetivo marcado por el Gobierno

Fuente: REE  Antonio Cerrillo, Barcelona La Vanguardia 6 enero 2019

Los planes del Gobierno para cumplir el acuerdo de París contra el cambio climático y la anunciada estrategia para descarbonizar la economía van a condicionar el futuro mapa (mix) eléctrico en España.

Tres elementos definen la situación de partida al acabar el 2018: el declive del carbón en las térmicas (coincidiendo con el cierre de las últimas minas), el salto de las fuentes renovables (que alcanzaron un 40% de la demanda) y la fortaleza del sector nuclear, que cubre el 20,6% de la demanda y es el primer modo de producción (pero no ve despejado su futuro). El año pasado, las fuentes renovables incrementaron su producción un 18% respecto al año anterior. Fue un aumento de seis puntos respecto al 2017. Alguien podría pensar que España dio un paso de gigante para cumplir la promesa que marcará el Gobierno en la futura ley de Cambio Climático y Transición Energética (lograr que el 70% de la electricidad sea renovable en el 2030). Sin embargo, esos resultados fueron fruto de factores coyunturales. Simplemente se debieron a una mayor producción hidroeléctrica (un 14% del pastel, con una subida del 70% respecto al 2017) en el sexto mejor año hidráulico desde 1990. Pero eso no garantiza una progresión duradera. Todo queda a arbitrio de la pluviometría.

Está previsto que 9 de las 15 térmicas de carbón cierren antes de junio del 2020

 “Sería un espejismo pensar que se ha dado un verdadero salto en la generación limpia. Hemos estado cinco años con el sector estancado por el bloqueo del gobierno del PP. Para que estos buenos resultados no sean flor de un día, y para que se consoliden año a año, es imprescindible un aumento fuerte y rápido en la capacidad de generación de las tecnologías energéticas no hidráulicas, fundamentalmente el viento y el sol”, dice Jaume Morron, consultor experto en energía.

La otra cara de la moneda es que mientras la eólica –segunda fuente de electricidad– subió un 3%, pero bajaron los demás ámbitos de las renovables (un 8,1% la producción fotovoltaica, un 6,6% la termoeléctrica y un 1,4% la biomasa).

Las renovables subieron seis puntos, pero se debió a un año hidrológico excepcional

Las térmicas de carbón han bajado su producción un 18% (han pasado de aportar el 17,1% al 13,5% en la cobertura de la demanda). La producción de electricidad con carbón está cada vez más cuestionada por las políticas de acción climática europea, pues a las emisiones que calientan la atmósfera se unen los elevados niveles de contaminación: (SO2, NOx y partículas). El marco legal europeo estrecha el cerco sobre este combustible, cuyos costes se han encarecido por los altos precios que pagan las empresas por los derechos de emisión (más de 20 euros por cada tonelada de CO2). Además, la directiva de emisiones industriales ha impuesto fuertes exigencias para reducir el SO2, arrojado desde sus chimeneas, con lo que muchas empresas no están en condiciones de hacer las inversiones en filtros de desulfuración y desnitrificación. Nueve de las 15 plantas térmicas de carbón cerrarán antes de 30 de julio del 2020, fecha en que entrarán en vigor los nuevos límites de emisiones establecidos.

Endesa, por ejemplo, ha presentado ya la solicitud formal de cierre de las centrales de Andorra (Teruel) y Compostilla (León). Iberdrola pidió hace mas de un año el cierre de las centrales de Lada (Asturias) y de Velilla, en Palencia; y Endesa, junto a Naturgy, ya ha obtenido autorización para cerrar la de Anllares, en León.

Datos del carbón (Raúl Camañas)

El futuro del carbón (y también del resto de fuentes y emisiones de CO2) estará en manos del Plan Nacional de Energía y Clima 2021-2030, primera fase de una estrategia con la que se persigue una economía libre de emisiones para el 2050. En él deberán concretarse las actuaciones para lograr que en el 2030, el 70% de la electricidad sea de origen renovable (y que el 35% de la energía final sea renovable). El documento deberá ser presentado por el Ministerio para la Transición Ecológica en pocos días para trazar la senda de la descarbonización. “Pero si se mantienen las centrales de carbón, no podremos alcanzar los objetivos”, alerta Ana Barreira, directora del Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente (IIDMA), entidad que reúne a profesionales (abogados, juristas…). Esta entidad pide el cierre de las térmicas de carbón españolas en el 2025, en la línea con lo acordado por otros países (Francia, Gran Bretaña…) invocando sobre todo sus impactos en la salud. No obstante, algunos gobiernos autonómicos (sobre todo, el de Galicia y Aragón) presionan para evitar estos cierres.

Por su parte, los siete reactores nucleares en funcionamiento han cubierto el 20,6% de la demanda, pero aportaron un 4,3% menos. La razón ha sido sobre todo la larga parada del reactor de Vandellòs 2 (de marzo a julio). La nuclear se encaramó a la primera posición del ranking del 2018; pero su horizonte sigue rodeado de incertidumbres. El PSOE mantiene su promesa de cerrar las nucleares al cumplirse 40 años de su vida (lo que comportaría completar el último cierre en el 2028); pero el Gobierno aún debe aclarar (en el referido Plan de Energía y Clima) si mantiene su promesa u opta por alargar la vida de alguna o algunas de ellas.

Centrales térmicas de carbón en España (Raúl Camañas)

Para avanzar en la descarbonización, en una primera etapa, “habría que sustituir, de manera obligatoria, la energía fósil por renovable, que es más barata”, dice Jorge Morales de Labra, director de Geoatlanter y reconocido divulgador en materia de energía. En una segunda fase, se deberían generalizar las fuentes limpias (sol y viento) hasta saturar el mercado con energía barata y definir, en paralelo, el papel de fuentes no renovables, que son “menos baratas, pero que deben cubrir la demanda cuando no haya sol o viento disponible”. Y, en la tercera etapa (con un 100% renovables en el año 2050), se deberá “garantizar que, pase lo que pase, no se recurre a la energía fósil, por lo que se requerirá una gran apuesta por almacenamiento de la energía limpia. Es algo que debe acometerse en la segunda y tercera etapa”, apunta Morales.

Las promesas del Gobierno (un 70% de renovables en el mix en el 2030) obligarán a sincronizar una compleja maquinaria de acción. Si se prescindiera del carbón y las nucleares para el 2030, se necesitarán instalar cada año unos 4.800 MW de origen renovable al año, según estimaciones de Jaume Morron (y eso, sin contar la electrificación del transporte y la industria).

“Pero ¿hay capacidad para producir esto; hay camiones o grúas suficientes? No digo que no se pueda hacer, sino que se necesita una planificación”, reflexiona en voz alta este experto.

La valoración del secretario de Estado

España deberá instalar 50.000 MW verdes hasta 2030 para alcanzar un objetivo del 35% de energía final de origen renovable. Así lo anunció hace unas semanas el secretario de Estado de Energía, José Domínguez Abascal, en el Congreso Nacional de Medio Ambiente (CONAMA)

Esta hoja de ruta se incluirá en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, que España remitirá a Bruselas en breve. Esa senda significa que habría que crear unos 5.000 MW verdes anuales, añadió.

Sería así como se lograría duplicar en apenas doce años el peso de las renovables en la energía final, para pasar del 17,5% actual al 35% (por encima del 32%, que es del objetivo de media en la UE).

El Plan de Energía y Clima

Todas estas previsiones deben quedar recogidas en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, que será el encargado de dar las señales adecuadas que proporcione certidumbre a todos los actores. “Se trata de un documento decisivo, que ha de definir la senda de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que España debe emprender para cumplir con el Acuerdo de París que nuestro país firmó en 2015” afirman fuentes del Ministerio.

“España remitirá a la Comisión Europea un borrador de su propuesta de este plan en las próximas semanas, si bien el definitivo deberá estar antes del 31 de diciembre de 2019”, añadieron.

A lo largo de este año se someterá a consulta pública y será valorado por las autoridades europeas “para comprobar que está alineado con los objetivos del conjunto de los países de la UE”, que también presentarán su plan en próximas fechas.

El precio de la electricidad

Mientras tanto, los expertos juzgan que se debe ir avanzando hacia una reforma del actual sistema de conformación de precio de la tarifa eléctrica, en el que la tecnología más cara de producción es la que da el precio a la tarifa fina. “No tiene sentido que se siga cobrando al precio más en cada hora, como pasa en el actual sistema marginalista, ya que el sistema eléctrico se encamina hacia un modelo de energías renovables, cuyos costes no tienen nada que ver con las tecnologías marginalistas”, dice Jorge Morales de Labra.

Objetivos para el 2030, de la futura Ley de Cambio Climático

  1. Reducir las emisiones de gases invernadero un 20% respecto a las de 1990
  2. El sistema eléctrico deberá contar con al menos un 70% de generación con renovables
  3. Las emisiones actuales están un 17% por encima del nivel de 1990; por lo tanto, el objetivo comporta reducir en 37 puntos. Esto supone retirar una de cada 3 t de COde las emitidas en la actualidad

Objetivos para el 2050

1.Las emisiones deberán reducirse al menos un 90% respecto a 1990

2.El sistema deberá basarse exclusivamente en fuentes de generación renovable: 100% renovable.

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