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Las enormes ganancias de las finanzas no han caído del cielo, dañaron hogares, bancos tradicionales, empresas y gobiernos

Saskia Sassen es profesora de Sociología y ocupa la cátedra Robert S. Lynd en la Universidad de Columbia. Su último libro es Expulsiones: complejidad y brutalidad en la economía global. Katz Editores (2015), traducido a 15 idiomas. En esta entrevista, la experta trata de explorar, fundamentalmente, dos temas: primero, cómo el sector financiero ha cambiado la naturaleza de las ciudades contemporáneas y, segundo, cómo las finanzas han impulsado nuevas formas de expulsión y despojo. La autora reflexiona sobre las fracturas existentes en el poder de las «altas finanzas» y cómo los movimientos ciudadanos podrían aprovecharlas para promover el control democrático.
(Este artículo fue realizado para el informe ‘Estado del Poder 2019’ realizado por el Transnational Institute y editado en español por Transnational Institute, Fuhem Ecosocial y Attac.)

¿En qué medida las finanzas actuales son poderosas y de dónde deriva su poder?
En primer lugar, no hay que confundir el sector financiero con la banca tradicional. Necesitamos tener bancos, ellos venden dinero, mientras que las finanzas son un modo de extracción, al igual que la minería: una vez que extraen el valor, no les importa lo que ocurra. Un banco tradicional quiere que los hijos de sus clientes sean futuros clientes, por lo que se preocupa por las relaciones, pero a las firmas financieras no les importa ese nivel personal, salvo si se trata de personas muy, muy ricas. En segundo lugar, el sector financiero es peligroso porque sus directivos han aprendido a financierizar casi todo. Y lo hacen no a través de las prácticas bancarias tradicionales, sino a través de algoritmos y manipulaciones altamente especulativas. Han inventado instrumentos para que sirvan a sus propios fines, en lugar de a quienes están asesorando, lo que significa que, muchas veces, no pierden aunque sus clientes sí lo hagan.
Tomemos, por ejemplo, el tema de la deuda de los estudiantes en los Estados Unidos. Actualmente, suma más de un billón de dólares estadounidenses (en su mayoría prestados por hogares de ingresos modestos). Un banco no sabría qué hacer con esa deuda más allá de cobrar intereses. Pero el sector financiero puede jugar con eso (aunque tiene que ser una deuda bastante grande), a menudo a un alto coste humano porque mientras que las firmas financieras pueden ganar algo, para los tenedores de la deuda (digamos los padres del estudiante en cuestión) todo lo que hay es la deuda. Las firmas financieras pueden extraer valor de la deuda (más allá de las tasas de interés) porque han desarrollado instrumentos complejos que se lo permiten, en beneficio propio y en perjuicio del prestatario.
Voy a dar otro ejemplo. Cuando entrevisté a camioneros en el Medio Oeste de los Estados Unidos, que estaban constantemente transportando chapas metálicas en la región, dijeron que no tenían ni idea de lo que estaban haciendo. Resultó que transportaban el metal porque Goldman Sachs estaba retrasando deliberadamente la entrega para crear una imagen de falsa escasez, con el fin de aumentar el precio, de lo que obtenía un beneficio.
Este caso muestra lo que yo considero la tercera dimensión de las finanzas, que es que ocupan un espacio único, separado de la producción y el consumo. Es un espacio que genera ganancias al especular con todo tipo de artículos, desde dinero e inversión hasta metales y petróleo. Una de las claves de esta capacidad es la utilización de las matemáticas algorítmicas. La gente corriente no entiende o no conoce estas formas complejas de extracción de riqueza.

Pero, ¿no dirían los directivos de las finanzas que estos instrumentos ayudan a equilibrar el riesgo y facilitar el crecimiento?
Sin duda, las finanzas han producido resultados positivos para muchos agentes. Han creado volúmenes formidables de riqueza. Pero para producir y acumular esa riqueza han utilizado a muchas otras entidades, causándoles un grave perjuicio: las enormes ganancias de las finanzas no han caído del cielo; fueron generadas, y eso implicó dañar a muchos otros actores: hogares, bancos tradicionales, empresas y gobiernos municipales, entre otros. Por ejemplo, el fondo de pensiones del sector público de California, CALPERS, ha sido durante mucho tiempo un fondo bien administrado que ha brindado beneficios significativos a sus jubilados. Pero CALPERS cayó en la trampa de los negocios financieros dudosos, cuyo interés no era el de los trabajadores jubilados, sino el suyo propio. El resultado fue que los nuevos gerentes se hicieron ricos, pero el fondo de los trabajadores perdió dinero, lo que afectó a los jubilados.
«·La banca tradicional es solo comercio, vende algo por un precio, mientras que las finanzas son extractivas»
Esto mismo ha ocurrido en otros fondos de pensiones de varios países occidentales. Por ejemplo, un equipo holandés de investigación comenzó recientemente a rastrear la gestión de fondos de pensiones holandeses, y parece que algunas de las inversiones podrían haber sido mejores. Ya han logrado reducir el porcentaje que se destina a las empresas financieras que manejan estos fondos.
Lo que está sucediendo con los fondos de pensiones administrados por firmas financieras solo empieza a arañar la superficie de todo el abuso que ha tenido lugar. Esto es algo serio. Y lo que complica las cosas es que no es solo corrupción, sino también la manipulación de los fondos de pensiones de los trabajadores de forma que generan beneficios excesivos para los gestores de los fondos. Esto no es tan difícil de hacer dada la complejidad de las finanzas y la dificultad para que el trabajador medio entienda lo que está sucediendo. Pero los datos están ahí: las pruebas revalan en varios casos que los encargados de los fondos de pensiones reciben demasiado dinero por su «trabajo» de administración.
De nuevo, según mi lectura, es otra forma de mostrar cómo las finanzas tienen una lógica de extracción. La banca tradicional es solo comercio, vende algo por un precio, mientras que las finanzas son extractivas.

¿Qué relevancia tienen hoy las finanzas en la ciudad global contemporánea? ¿Y en qué medida son importantes las ciudades para el poder de las finanzas?
Es una ironía del sector financiero que, si bien está altamente digitalizado, también tiene una fuerte presencia material, y en ninguna parte está más presente que en la ciudad. Quizá se piense que no requiere tantos insumos materiales, ya que la mayoría de las transacciones son electrónicas. Pero, de hecho, han tomado partes significativas del espacio urbano de dos maneras muy diferentes.
«Es una ironía del sector financiero que, si bien está altamente digitalizado, también tiene una fuerte presencia material y en ninguna parte más que en la ciudad»

La primera apunta a los edificios de lujo de las grandes empresas financieras. Pero ha surgido un segundo espacio que a menudo no es visible. Me di cuenta por primera vez en el centro financiero de las principales ciudades como Hong Kong y Nueva York: además de los edificios que albergan las firmas de altas finanzas y sus ordenadores y salas de reuniones, ahora también hay enormes almacenes cercanos para dar cabida a los equipos de operaciones informáticas avanzadas que funcionan continuamente, día y noche. Estos ordenadores también realizan muchas de las operaciones matemáticas algorítmicas más complejas que establecen qué es una inversión deseable y cuál no lo es. La revolución electrónica, en realidad, necesita toda una gama de elementos netamente materiales, y esto no se debate o reconoce suficientemente. Los cables de fibra óptica, una infraestructura crítica para las finanzas, necesitan una instalación, ya sea a través de los océanos o entre ciudades y edificios.
La velocidad es aquí la esencia. Por ejemplo, un cable de fibra óptica clave que conecta los centros financieros de Chicago y Manhattan se reconstruyó en parte porque una pequeña desviación estaba retrasando las transacciones en una fracción de segundo. Cuando la velocidad lo es todo, merece la pena el coste adicional de arreglar una pequeña curva en un cable de fibra óptica que ahorrará fracciones de segundos. Este ejemplo da una idea de un modo extremo de producción. Hay otras situaciones similares, al menos en la Tierra, ¡aunque quizás haya operaciones espaciales interestelares!

¿Y cómo está conformando o reconfigurando las ciudades todo esto?
Vale la pena mirar atrás, a los años ochenta y noventa del siglo XX, cuando muchas de las principales ciudades occidentales presentaban signos de empobrecimiento: Londres, Nueva York, Chicago, París. La clase media se mudaba cada vez más a los suburbios. Los medios publicaron muchos artículos que sugerían que las ciudades se habían empobrecido, que mucha gente se estaba marchando debido a una mezcla de desigualdad, drogas, crimen, etc. Pero justo en ese momento, surgió una nueva economía. Fue impulsada por la financierización, la globalización y, por lo tanto, por un fuerte aumento en la necesidad de conocimiento especializado sobre toda la diversidad de economías del mundo. Cuando las empresas intentaron entrar en el mercado global ―y necesitaban operar en muchos países, cada uno con modos económicos específicos―, descubrieron que no podían producir todo el conocimiento dentro de la empresa (asesoramiento legal, opciones de inversión, etc.). Esto llevó a un enorme crecimiento de firmas altamente especializadas que podían ofrecer lo que necesitaba una compañía global. A esto lo denominé la «economía intermedia».
Por ejemplo, una empresa transnacional de hoy puede necesitar comprar una amplia gama de elementos de conocimiento muy específicos, pero parciales, de los diversos países del mundo: 15 horas de contabilidad de Mongolia, 20 horas de asesoramiento legal de Londres, etc. Esto condujo a un nuevo tipo de economía en las principales ciudades, a las que llamé ciudades globales. El sello característico de estas ciudades es que el sector intermedio comprende cientos de empresas altamente especializadas que podrían brindar todo el conocimiento y el asesoramiento que las empresas globales necesitan para operar a nivel mundial. Uno de los efectos fue el uso masivo de más y más espacio, no solo para oficinas elegantes, sino también para viviendas de alta gama, restaurantes, tiendas, hoteles y, sí, todos esos ordenadores que nunca dejan de funcionar.
Es este sector intermedio el que se ha expandido en las principales ciudades y ha creado una fuerza de trabajo de ingresos extremadamente elevados y una vasta expansión de viviendas, oficinas, restaurantes, tiendas y hoteles muy caros; en definitiva: transformó las ciudades. Esto ha llevado al crecimiento de un nuevo tipo de clase media con mucho dinero, muy cosmopolita y que viaja mucho. Vemos este tipo de mundo de alta gama no solo en muchas ciudades de estilo occidental, sino también en las principales ciudades de China, y en Tokio, Mumbai, Bangalore, Nairobi, Buenos Aires, etc. El resto de estas grandes ciudades pueden ser en gran medida pobres y degradadas, pero ese núcleo que acoge empresas, residencias, hoteles, etc. de alto nivel, es una característica fundamental del problema urbano actual.
Vale la pena recordar que, en la década de los ochenta del siglo pasado, con el auge de la digitalización, muchos expertos predijeron que las ciudades serían cada vez menos importantes, bueno, pues no. Más aún, este enriquecimiento de las principales ciudades también ha desplazado los oficios más tradicionales de una modesta clase media ―contables, maestros, médicos, etc.― que ya no pueden permitirse vivir en las áreas centrales de las principales ciudades, y que ha desplazado a enfermeras, maestros, bomberos y policías, lo que significa que los gobiernos municipales ahora tienen que pagar más dinero por estos trabajadores esenciales. Además, también está el mundo de las altas finanzas que conforma nuestras ciudades, ya que no solo financieriza materiales, sino también edificios. Usando sus algoritmos, un edificio, un piso, incluso un cuarto de baño pueden convertirse en valores respaldados por activos, un proceso invisible para el residente urbano medio. Incluso algunos de los edificios vacíos de la ciudad pueden estar generando ganancias si funcionan como un valor respaldado por activos.
En la crisis de las hipotecas de alto riesgo observamos esta modalidad cuando la curva se volvió negativa. Pero a pesar de que muchas familias se declararon en bancarrota junto con algunas empresas que siguieron jugando y, por lo tanto, se vieron afectadas por la crisis financiera, otras no se entretuvieron a la hora de extraer riqueza y siguieron adelante. Muchas empresas financieras europeas y estadounidenses ganaron mucho dinero con dichos valores respaldados por activos, y con el apoyo de la Reserva Federal ―insuflando cantidades exorbitantes en el sistema bancario para su rescate―, se evitó la quiebra, sobrevivieron y remontaron.
Las ciudades, a su vez, también se vieron afectadas. En Italia, un conjunto de ciudades quebraron a la vez a mediados de 2018: resultó que a todas les habían vendido un derivado concreto, no un préstamo. Lo sorprendente es el tiempo que ha tardado la gente en darse cuenta de la forma en que las ciudades se han financierizado e involucrado en préstamos incobrables. El primero de estos casos se hizo famoso: el condado de Orange, California, hace 20 años, pero no aprendimos de él.

¿Dónde están las posibles fracturas o debilidades del poder financiero?
Las finanzas son como una mina: se extraen y, finalmente, no queda nada por extraer. Por eso digo que funciona como una curva. Existen límites a cuánto puede extraer el sector financiero, pero cuando las autoridades públicas se dan cuenta de los costes, el sector ya ha extraído mucho y puede seguir adelante. En este momento, la pregunta es: ¿cuál será la próxima gran área de extracción? ¿Qué queda por financierizar? Los valores respaldados por activos siguen siendo populares, al igual que la especulación sobre la vivienda. China es otra gran área para financierizar, pero no está claro qué trayectoria seguirá. Además, hay un poco de inmovilidad en el sistema y la sensación de que no todo va bien. No me atrevería aún a aventurar qué vendrá después.
En cuanto a las ciudades, también, hay fracturas. Una ciudad es un sistema abierto, pero complejo, con extraordinarias combinaciones económicas, sociales, religiosas y culturales. Es una especie de “sistema de frontera” donde los actores de diferentes mundos pueden encontrarse, por lo cual no hay reglas fijas de cómo relacionarse. En muchas grandes ciudades, un número creciente de las modestas clases medias, por ejemplo, son empujadas cada vez más hacia la periferia. Pero la gente siempre ha utilizado las ciudades también para movilizarse y construir contrapoderes, por ejemplo, las luchas de los chalecos amarillos en toda Francia. Creo que es un momento de inestabilidad, en el cual esa inestabilidad es bienvenida, siempre que tomemos en cuenta los inmensos poderes que he descrito antes.

¿Cómo podría la ciudadanía recuperar el control democrático sobre las finanzas?
Para abordar estratégicamente el poder financiero es bueno recordar que tiene un componente material; no es totalmente abstracto. Por ejemplo, sabemos que hay edificios vacíos propiedad de bancos o corporaciones, y al mismo tiempo, tenemos una gran crisis de la vivienda y precios exorbitantes. Por lo tanto, el entorno construido en nuestras ciudades nos brinda una plataforma para hacer demandas, para protestar, una oportunidad para expresarnos. Los medios de comunicación y los políticos han ignorado las profundas transformaciones en las finanzas, por no mencionar el escándalo en los Estados Unidos sobre las enormes cantidades de dinero que se destinaron a los bancos a través del rescate, mientras que 14,5 millones de familias perdieron sus hogares. El Congreso de los Estados Unidos ha resultado incompetente en este tema. Ha invitado a los directivos de las firmas financieras a que informen de lo que están haciendo, quienes, a su vez, lo explican de maneras que los políticos no entienden, pero simulan que les siguen para no parecer estúpidos, y luego tan solo aceptan lo que los directivos les dicen.
Nuestras economías se han vuelto tan complejas que los ciudadanos y las ciudadanas necesitamos asegurarnos de que entre nuestros políticos siempre haya expertos de los temas principales que deben abordarse, desde el medio ambiente a las finanzas. En todos los niveles políticos ―municipal, provincial, estatal e internacional― necesitamos personas comprometidas con conocimientos, o dispuestas a adquirirlos, de los problemas complejos de las democracias actuales, incluidas las finanzas y el medio ambiente. Necesitamos expertos que puedan mantenerse al día de las extraordinarias innovaciones, no solo financieras, sino también médicas y biológicas, que sean capaces de asesorar y que no les paguen las mismas empresas que se benefician de estos productos, como es habitual en los Estados Unidos. Podemos aprender de experiencias como la de los holandeses que investigaron los abusos de los fondos de pensiones: hicieron los deberes y recuperaron la mitad de sus pérdidas.
Lo que está claro es que nuestro modelo no funciona. Las tendencias de globalización, desregulación y financierización promulgadas en la década de 1980 están instaladas en el Norte y el Sur. Un ejemplo ilustra el problema: la historia de Flint, en el estado de Michigan, donde todavía hoy sus habitantes beben agua contaminada años después de que esta situación se hiciera pública.
Como ciudadanos y ciudadanas tenemos mucho trabajo que hacer. Hemos delegado demasiado, nos hemos fiado de los expertos y hemos terminado en una relación abusiva. Necesitamos desarrollar nuestros propios conocimientos.

Público 18 junio 2019 Nick Buxton (Transnational Institute | TNI)

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