| Expertos y espabilados: la crisis de deuda se contagia al mundo y la Tasa Tobin se contagia a los gobernantes de la UE | Descàrrega
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1.- CUANDO ÉRAMOS TAN FELICES
Hace un par de años, la mayoría de nosotros ni siquiera había oído hablar de la prima de riesgo y del rating.
Hace cuatro, España jugaba la Champions League de la economía y no sabíamos quien era Lehman Brothers ni Goldman Sachs. Los “principales expertos” españoles y europeos alababan las reformas privatizadoras y desreguladoras y las rebajas fiscales de las décadas anteriores o las políticas de estabilidad de los tratados de la UE. Los que no éramos tan principales advertíamos del desastre que se avecinaba.
Hace seis, apenas se oía hablar de burbuja inmobiliaria, y los expertos europeos estaban empeñados en trasladar a Europa (¡en 2006!) las normas sobre liberalización financiera y sobre titulización, que “tan buen resultado” daban en EEUU (por si alguien no se ha enterado son la raíz del desastre de la burbuja y la crisis actual):
Y ahora resulta que la zona Euro puede contagiar su recaída al resto del mundo.
En efecto, según informe de otros expertos, de la ONU, sobre la Situación Económica Mundial y perspectivas para el 2012, publicado anteayer martes, la crisis de deuda en la UE y el alto desempleo aquí y en EEUU, reducirán el crecimiento global, previsto para 2012 en el 2,6%, y ya inferior al del 2011, hasta un muy raquítico 0,5%. Los países desarrollados entrarán en recesión.
Y eso que en 2011 ya hubo en los países desarrollados un déficit estimado de empleos de 64 millones, con una tasa de paro promedio del 8,3%, según el mismo informe.
Por supuesto, mientras los “expertos” oficiales siguen diciendo que la “austeridad”, para los trabajadores y las clases medias, que no para sus patronos, ni para tales expertos, esos otros expertos, los de la ONU, que no tienen los mismos compromisos que los de la UE y EEUU, dicen que las políticas de austeridad en países desarrollados son una parte, importante, del problema, pues debilitan gravemente el crecimiento y las perspectivas de empleo.
Pero, es que en la UE, los expertos, los mismos expertos de siempre, crearon en los tratados del Acta Única Europea y de Maastricht, una situación imposible, con el aval del “mejor presidente de la comisión”, Jacques Delors, y de Felipe González, entre nosotros, y la aprobación de los peperos de turno. El mercado único y la moneda única no iban acompañados de la armonización de las instituciones esenciales, contra los análisis, la protesta y la propuesta de los que éramos menos expertos.
Al déficit democrático, dicho de manera piadosa, de las instituciones de la UE, se añadía ahora dejar en manos de los “tecnócratas” del independiente Banco Central Europeo, ligados al liberalizado sector financiero, la política monetaria, una política económica fundamental, con nula transparencia (de hecho, incluso crearon su propia oficina anticorrupción, contraviniendo así las normas de la UE). Las políticas de tales tecnócratas (y expertos) han permitido el desastre actual de la banca, y la necesidad de re-capitalizarla, creando el fuerte agujero en las finanzas públicas de los países de la UE que todos conocemos y que está en el origen de la crisis de la deuda.
Se llegó a la reducción al absurdo cuando, en el fallido Tratado Constitucional de la UE, se establecía, como “libertad fundamental”, la “libre circulación de capitales” (artículo 4), dentro y fuera de la UE (artículo 51), al tiempo que se excluía de la armonización la fiscalidad y los derechos de los trabajadores por cuenta ajena (artículo 172-1). La competencia desleal (o dumping) fiscal y social estaba servida. Y estas barbaridades querían ser selladas para 200 años, según el deseo de Romano Prodi, el presidente menos excelente de la comisión de entonces. El Tratado de Lisboa, que cubrió el vacío de la Constitución fallida, mantuvo los mismos principios, algo rebajados, a pesar del profundo rechazo que habían sufrido en los referendums de Francia y Holanda y de la opinión pública informada de toda Europa.
Por supuesto, la competencia fiscal se desarrolló como un ciclón. Países con poca población (como Luxemburgo, Irlanda o Austria), a los que los impuestos rebajados y las exiguas ganancias que las fiducias dejan en los paraísos fiscales compensan sobradamente de las pérdidas interiores, y, naturalmente, Inglaterra (cuya política condiciona desde siempre el centro financiero del antiguo imperio británico en la City de Londres), y Holanda, usufructuaria de los beneficios del paraíso fiscal de la Antilla Holandesa, sin ningún tipo de barrera a sus pretensiones, se instalaron o profundizaron una política en beneficio de los capitales no-residentes, con lo que, a fin de cuentas, todos los Estados han acabado desarrollando algún tipo de beneficio fiscal abusivo para los capitales, que les permite no pagar casi nada, o nada en absoluto. Entre nosotros las Sociedades de Inversión Mobiliaria de Capital Variable (SICAV) o las Empresas de Tenencia de Valores Extranjeros (ETVE). Trasladando, así, la carga fiscal a los trabajadores, las PYMES y los consumidores, cuya movilidad es nula en la práctica, y poniendo a liquidación el bienestar de la ciudadanía común.
2.- PERO ¿SON TAN INÚTILES? PUES AHORA TOCA UNIÓN FISCAL…
Bueno, pues, ahora resulta que la solución a todos nuestros problemas está en la unión fiscal.
Angela Merkel, tras el batacazo del Consejo Europeo de 9 de diciembre, en que una propuesta de armonización fiscal se convirtió en una simple reedición del nefasto pacto de estabilidad, empeorándolo aún con sanciones draconianas, añade para el del 30 de enero, la necesidad de armonizar los tipos del impuesto de sociedades y de rendimientos del capital. A buenas horas.
La cosa ha ido ya demasiado lejos como para que se obtengan los beneficios que la armonización hubiera rendido en su momento.
Pero, además, en el mejor de los casos, se evitan sólo los trazos más gruesos de la competencia fiscal, grosso modo aquellos que perjudican a Alemania, e imponen una austeridad en el gasto público que es locura mantener, por ejemplo, en situaciones de recesión y crisis como la actual, generadas por el déficit de demanda privado. Pero eso la imponen, porque creen que sólo va a aplicarse a los países periféricos, atados por la moneda única, pues el gobierno alemán, y quizá también el francés, como ya ocurrió en 2003, podrán saltarse las normas cuando les convenga… salvo que a su élite plutocrática y el resto de su élite de poder, le convenga, en cuyo caso se utilizará la norma europea como medio para imponer sus objetivos, como ya se ha hecho otras veces, perjudique a quien perjudique, especialmente si perjudica a sus trabajadores y a sus clases medias.
No es sólo teoría. Alemania fue la primera en aplicar el retraso de la edad de jubilación y la reducción de las pensiones futuras, vía ampliación del periodo de cálculo. Alguno dirá que eso es debido al envejecimiento de la población. Pero, el mantenimiento del actual sistema de pensiones, en Alemania y en todas partes, conlleva un desplazamiento de la renta y la riqueza en beneficio de los pensionistas, por consiguiente, una menor concentración, y una democracia de más calidad, pues reduce la presión de la plutocracia sobre los medios de comunicación y la clase política, menos recesiones por la depresión de la demanda y menor fragilidad frente a las mismas. En definitiva la concentración de recursos conduce a un uso irracional de los factores productivos, al albur de los caprichos de los ricos.
Suprimidas las barreras arancelarias y no-arancelarias y atados por la moneda única, que impide el mecanismo normal de la devaluación, quedan sellados los desequilibrios exteriores, léase el déficit permanente de las balanzas de pagos de los países periféricos, que sólo podrían sustituir una devaluación por otra. La devaluación de la moneda por la de los costes de su producción, y siendo la mayor parte de los costes globales, de energía, de materias primas,… casi iguales para todos los competidores, y fijados otros por “el mercado interior”, es decir por la fuerza negociadora de los oligopolios, solo quedan los costes del trabajo y el gasto público, y la extorsión de las pequeñas subcontratas de las subcontratas, como “únicos medios” para reducir los desequilibrios exteriores.
En definitiva, de unión fiscal, casi nada, de unión económica, nada de nada, y de democracia, menos que nada. Mucha austeridad en perjuicio de los trabajadores y de las clases medias, unas “minorías” que reúnen “tan sólo” a más del 99 por ciento de la población; poca armonización de la fiscalidad; y, por supuesto, nada de transferencias a las zonas periféricas y más desfavorecidas, en perjuicio de los sectores sociales más empobrecidos en Europa. Naturalmente es lo que interesa a las élites plutocráticas y al resto de las élites de poder europeas, de las que el gobierno alemán y Sarkozy se han hecho representantes.
Por supuesto, mucho profesor de las “escuelas de negocio de élite”, mucho catedrático de economía y otros correveidiles del montón, parecen no entender nada desde entonces. A lo mejor es que únicamente nosotros somos los auténticos expertos. Bueno, nos resistimos a creerlo. Parece lo más probable que simplemente les paguen por ser tan inútiles.
Porque la cosa era bastante clara desde el principio.
Hans Tietmeyer, el que fue último presidente del Bundesbank, el Banco Central Alemán, poco antes de ser sustituido éste por el BCE, y de su jubilación, en una entrevista al International Herald Tribune, lo decía contundentemente, “El hombre de la calle no es consciente. Nadie comprende AÚN de que se trata… la competencia entre los sistemas fiscales, tanto como entre los sistemas de protección social nacionales… dentro y fuera de la UE… No hay marcha atrás. Esto es definitivo.”
Definitivo. Por supuesto que no. Basta con que la opinión pública se dé cuenta del camelo.
3.- …Y TASA TOBIN
En el capítulo XII de la Teoría General del empleo, el interés y el dinero, John Maynard Keynes, trataba de vincular a los inversores a sus empresas de forma duradera, de modo que propuso un impuesto sobre las transacciones.
Tras la caída del sistema de cambios fijos de Bretton Woods, el que fue premio Nobel de economía 1981, James Tobin, propuso en 1972 un pequeño impuesto global a aplicar a las transacciones cambiarias.
La finalidad era evitar las fluctuaciones excesivas de los tipos de cambio, porque la especulación suele hacerse a plazo brevísimo, pero si todo el dinero de los especuladores se retira de golpe, el tipo de cambio se hunde, el tipo de interés se eleva verticalmente y las deudas en moneda extranjera se hacen muy difíciles de pagar.
Entre nuestros políticos el impuesto sobre transacciones cambiarias o entre divisas, que es a lo que se refiere la llamada tasa Tobin, y los impuestos sobre las transacciones financieras, en cualquiera de sus versiones, ha tenido dispar fortuna. En un momento dado, a iniciativa de Attac Catalunya, se constituyó un grupo interparlamentario, del que formaban parte CiU, PSC-PSOE, Iniciativa-Verds-Izquierda Unida y algunos otros partidos nacionalistas, en la legislatura de la mayoría absoluta de Aznar. Cuando el PSOE obtuvo mayoría no fue posible renovar la experiencia. Pero, en ningún caso el PP aceptó ser relacionado con la iniciativa.
Por fin Mariano Rajoy se ha caído del caballo. Su hoy Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, hace un año, en declaraciones a la agencia EFE, la calificaba nada menos que de “retórica inútil e inaplicable”(ver http://www.diariovasco.com/agencias/20100921/mas-actualidad/politica/montoro-cree-tasa-bancaria-retorica_201009211254.html). El pasado lunes Rajoy aprovechó la visita de Sarkozy para apoyar el impuesto sobre transacciones financieras. No se trata, como afirman sus otrora partidarios del inmarcial, de que se traga el sapo porque necesita el apoyo de Sarkozy, sino de que la crisis aprieta, y como en el caso de la subida del IRPF, ha llegado el momento de dejarse de chorradas ideológicas y apuntarse a aquello que puede funcionar.
Otra cosa es que, en cuanto superen las apreturas, volverán por sus fueros. Y aún otra cosa, es que el gobierno del PP, sin duda, utilizará la excusa de la crisis para roer hasta donde le sea posible, el mínimo estado de bienestar que tenemos. Y, desde luego, no lo podemos permitir, por injusto, pero también por ineficiente.
- Autor de l´arxiu:
- Juan García de Attac Catalunya
- Enviat el:
- 22 Jan 2012
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